Toda la Danza

EL 27° FESTIVAL INTERNACIONAL DE BALLET DE LA HABANA “ALICIA ALONSO”, OTRO LOGRO DE LA CULTURA CUBANA

Por Viengsay Valdés

No hay dudas de que nuestro Festival Internacional de Ballet de La Habana “Alicia Alonso” —el más longevo de su tipo a escala mundial—, es uno de los eventos más significativos de la cultura cubana, y uno de los de mayor prestigio a escala mundial. Su historia es tan apasionante como sorprendente.

Se celebró por primera vez en 1960. Su segunda edición se produjo seis años después, y al año siguiente, es decir, en 1967, tuvo lugar el tercer Festival. Tuvieron que transcurrir siete años para que se celebrara la cuarta edición, y fue precisamente a partir de esa fecha, que adquirió carácter bienal. Desde su 25ª convocatoria, celebrada en 2016, lleva el nombre de nuestra prima ballerina assoluta.

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Ballet Nacional de Cuba junto a la Compañía Nacional de Danza, España.

Foto: Ariel Cecilio Lemus. Cortesía de la autora

En sus más de seis décadas de existencia, ha propiciado el estreno, tanto mundial como nacional, de centenares de obras y la participación de muchos de los más prestigiosos bailarines y compañías danzarias del mundo. Bastaría mencionar, entre muchísimos otros, nombres tan importantes como los de Alicia Alonso, Carla Fracci, Cristina Hoyos, Eva Evdokímova, Ekaterina Maxímova, Irina Kolpakova, Sylvie Guillem, Alessandra Ferri, Ana Laguna, Tamara Rojo, Vladimir Vasiliev, Antonio Gades, Julio Bocca, Joaquín de Luz, Manuel Legris, Mats Ek, José Martínez…, quienes junto a las primeras figuras y el cuerpo de baile del Ballet Nacional de Cuba (BNC), han contribuido al prestigio y trascendencia de esta fiesta de la danza.

Después de un inevitable receso, como consecuencia de las condiciones sanitarias por las que atravesaba el mundo en 2020, este año volvimos a celebrar nuestro Festival.

Habitualmente, se inicia el 28 de octubre, coincidiendo con la fecha de la primera función pública que ofreció en 1948 el entonces Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de cuba. Pero Alicia y la compañía que ella fundó junto a Fernando Alonso y Alberto Alonso hace setenta y cuatro años, son parte esencial de la cultura cubana; por eso, y porque el evento necesita respirar más en el tiempo, este año se decidió que el Festival comenzara el 20 de octubre, Día de la Cultura Nacional, y se ampliara hasta el 13 de noviembre. De esta manera, abarcaba tan importante jornada y, a su vez, se extendía un poco más en términos de duración y de posibilidades.

Uno de los grandes aciertos de esta edición fue la recuperación —gracias al apoyo incondicional del Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas— de las subsedes en otras provincias. Así, pues, además de en las salas Avellaneda y Covarrubias, del Teatro Nacional de Cuba, en La Habana, el 27° Festival se desarrolló, también, en el Teatro Tomás Terry, de Cienfuegos; el Teatro Sauto, de Matanzas, y, con esfuerzo extraordinario, el Teatro José Jacinto Milanés, de Pinar del Río, que reabría sus puertas después de los desastres ocasionados en esa provincia por el ciclón Ian. Y fue tanta la expectativa y la demanda que en la más occidental de las subsedes, por ejemplo, fue necesario ubicar en los exteriores del teatro pantallas en las que se proyectaba lo que estaba sucediendo en el escenario, para la inmensidad de público que no tuvo la oportunidad de alcanzar un boleto.

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Viengsay Valdés en Giselle

Foto: Leysis Quesada.Cortesía de la autora

Giselle

Uno de los momentos más trascendentales del pasado Festival fue la temporada de cinco representaciones del ballet Giselle, el título emblemático del Ballet Nacional de Cuba.

La apertura de la temporada tuvo lugar en la Sala Avellaneda, el 28 de octubre, el mismo día que nuestra compañía festejaba los 74 años de su primera función pública. De esta manera se iniciaban oficialmente los jubileos por el aniversario 75 del Ballet Nacional de Cuba, y el aniversario 80 del debut de Alicia Alonso como Giselle, que culminarán en 2023.

En esa breve pero intensa temporada de Giselle pudimos disfrutar de otra de las peculiaridades del Festival, vigente desde los mismos orígenes del evento, y que ha contribuido a su fama y prestigio internacionales: la formación de parejas ocasionales a partir de la unión escénica de un bailarín del Ballet Nacional de Cuba y un artista extranjero invitado.

Así, pues, la primera bailarina Anette Delgado protagonizó la primera función (viernes 28 de octubre), junto al español Ricardo Castellanos, primer bailarín del Ballet Nacional de Noruega; la rusa María Kochetkova y el español Joaquín de Luz centralizaron la obra el sábado 29 de octubre; la cubana Yolanda Correa, en la actualidad primera bailarina del Ballet Estatal de Berlín y durante varios años primera bailarina del BNC, y el gran bailarín ruso Semyon Chudin, primera figura del Ballet Bolshoi, tuvieron a su cargo los papeles de Giselle y Albrecht el domingo, 30 de octubre.

La italiana Susanna Salvi, primera bailarina del Ballet de la Ópera de Roma, actuó junto a Dani Hernández, primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba, el martes 1 de noviembre; y para el cierre de temporada, el 2 de noviembre, el mismo día del aniversario 79 del debut de Alicia Alonso como Giselle, tuve el placer de compartir la escena con el italiano Jacopo Tissi, primer bailarín del Ballet del Teatro alla Scala, de Milán; apenas con dos ensayos en el salón y uno en el escenario con el cuerpo de baile para la mise en scene del primer acto, todo un record, si tenemos en cuenta las presiones atribuidas a una puesta en escena.

La memoria de un bailarín es increíble. Durante la preparación y los ensayos acudí a las sensaciones de actuaciones anteriores y no importa el trascurrir de los años: la esencia del personaje, los detalles artísticos, la secuencia coreográfica y precisiones musicales… ¡todo venía de golpe! De repente, todo estaba ahí e iba fluyendo de manera natural, coherentemente, como si nunca me hubiera despegado de los salones… La energía que consumía a diario en la dirección de la compañía, la organización del evento, las horas dedicadas al entrenamiento físico y a los ensayos, más mi rol de madre… No sabía cómo, pero cada día se veía renovada por el deseo, la motivación y el sueño de volver a los escenarios. Tuve momentos difíciles de agotamiento físico y psíquico, pero tenía una meta a alcanzar y esa era BAILAR NUEVAMENTE.

Esa función fue para mí, además de emocionante y especial, inolvidable: significó mi reaparición escénica después de más de dos años alejada de los escenarios por un hermoso motivo: la maternidad, y lo hacía el mismo año del aniversario 25 de mi debut como Giselle, hecho que ocurrió el 14 de diciembre de 1997. Tuve el honor de que asistieran nuestro Presidente Miguel Díaz-Canel Bermudez; el Ministro de Cultura Alpidio Alonso; el poeta y etnólogo Miguel Barnet, y otras personalidades del ámbito político y cultura de nuestro país.

Además de las parejas ya mencionadas, otros bailarines del Ballet Nacional de Cuba se unieron a artistas extranjeros invitados, en alentadora y hermosa confraternidad artística: la primera bailarina Sadaise Arencibia bailó el pas de deux del tercer acto de La bella durmiente del bosque junto al español Ricardo Castellanos, mientras que la joven María Luisa Márquez, Solista del Ballet Nacional de Cuba, interpretó el pas de deux del segundo acto de El corsario, junto al también español Ciro Tamayo, primer bailarín del Ballet Nacional SODRE, de Uruguay.

Los del Festival, son siempre días emocionantes, por toda la pasión y energía que se concentran en los salones de clase y ensayo, en donde bailarines, maestros, coreógrafos y especialistas de distintas partes del mundo, compartimos espacio y experiencia. Nadie que esté relacionado con el Festival Internacional de Ballet de La Habana “Alicia Alonso” deja de contagiarse con su euforia; de manera especial nuestro público, siempre entusiasta y, sobre todo, conocedor.

Concretar un evento como el Festival Internacional de Ballet de La Habana, hasta en países con mayores recursos y posibilidades económicas es casi una utopía. El que acaba de finalizar con éxito incuestionable se hizo, como se sabe, en condiciones muy difíciles. Por eso quiero terminar este texto AGRADECIENDO. Agradeciendo y homenajeando a todos aquellos que lo hicieron posible y que contribuyeron a que nuestro evento continúe siendo uno de los máximos de la cultura iberoamericana. De manera muy especial, a aquellos que desde muy cerca me acompañaron en el camino para lograrlo, a aquellos que me apoyaron en todo momento, que me aconsejaron, que me animaron y confiaron en mí para guiarlos: maestros, bailarines, entrenadores, pianistas, concertistas , subdirectores, historiadores, equipo técnico, invitados, amigos del BNC, periodistas, la Televisión Cubana, la estupenda Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de la Habana “Alicia Alonso” —con sus músicos siempre solícitos, en ensayos y funciones—, bajo la dirección de su titular, el Maestro Yhovani Duarte, y de la Maestra invitada Idalgel Marquetti; solistas y coros del Teatro Lírico Nacional de Cuba y del Teatro Lírico “Rodrigo Prats”, de Holguín… A todos, muchas gracias.

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